Guayabas

El olor de la mujer al igual que el de la guayaba no se puede ocultar.

HERS

“You parked under the wrong tree, cabrón!” Shouldering a bag bulging with her hastily packed possessions, she stomped past his convertible. The rash of reddish splotches on its hood was as incriminating as any sexually transmitted disease, but at least their entire neighborhood would not have been able to see that. To smell that. “Only one woman in this town has un árbol de guayaba!”

In spite of herself, she sighed. She had thought this was special.

HIS

His wife was right: Only one woman in that town had un árbol de guayaba. Soft to the touch, ripe to the point of bursting – the sweet scent of his mistress, of the fruit from the tree outside her house floated from the hood of his convertible to his nostrils as he cruised down her street. At that moment, it seemed the most powerful aphrodisiac he had ever experienced. But then, he saw the rash of reddish splotches on the hood of the car driving down the opposite side of the street. In that instant, the scent threatened to turn his stomach.

In spite of himself, he sighed. He had thought this was special.

 

ELLA

“Te estacionaste debajo del árbol equivocado, ¡cabrón!” Sobre sus hombros llevaba una abultada bolsa con sus pertenencias empacadas. Precipitadamente, a grandes pisoteadas, dejaba atrás el carro descapotable de él. La erupción de manchas rojizas en su capota se incrimina como si fuera una enfermedad de transmisión sexual, pero por lo menos sus vecinos no habían sido capaces de notarlo. Para oler eso. “¡Hay sólo una mujer en esta suburbio que tiene un árbol de guayaba!”

A pesar de sí misma, suspiró. Le había pasado por la mente que esto era algo especial.

ÉL

Su esposa está en lo cierto: Solamente una mujer en ese pueblo tenía un árbol de guayaba. Suave al tacto, madura hasta el punto de explotar la fruta del árbol que está al frente de su casa – el aroma dulce de su amante, que flotaba desde la capota de su descapotable hasta los bulbos olfatorios de su nariz en tanto él conducía por la calle de ella. Hasta ese momento, parecía que era el afrodisíaco más poderoso que en la vida había experimentado. Pero entonces, vio la erupción de manchas rojizas en la capota del coche que conducía por el lado opuesto de la calle. En ese instante el aroma amenazaba con revolverle el estómago.

A pesar de sí mismo, suspiró. Le había pasado por la mente que esto era algo especial.

“Guayabas” was originally published in the Rio Grande Review in 2013.

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